Ayer tuve toda una experiencia que me ayudo a recordar todo lo aprendido sobre el teléfono(en la pagina 5 del artículo está sobre lo que voy a hablar, tras el intercomunicador casero, otro enlace al teléfono en castellano) y su historia en mis estudios. lo que nunca imagine es que sentiría la evolución tecnologica en mis carnes, seguid leyendo y vereis porque.
El teléfono hoy día es un cacharrito que puede ser pequeño y de bajo consumo, completamente eletrónico, con más capacidad que muchos ordenadores de años atrás y con un timbre más o menos musical pero esto no ha sido siempre así. Muchos recordamos esos teléfonos de pulsos con su rueda y su tac-tac-tac-tac-tac-… con cada número y por supuesto el timbre, una campana en toda regla que sonaba al ser golpeada y es ahí a donde vamos.
Antiguamente el timbre del teléfono consistía en una campana electromecánica, la idea era que una señal eléctrica alterna enviada desde la central local por el par de hilos activará este dispositivo, para ello se usaba una señal de 90 voltios y 20 hercios lo que provocacaba el característico sonido por todos reconocido.
Pués bien, nuevos modelos de teléfono surgen (no entraré en los móviles). Los pulsos son sustituidos por tonos multifrecuencia, la rueda por botones y el timbre pasó a ser un zumbador eléctrico (o musitono, politono, sonitono,….:P) que puede funcionar con una tensión pequeña. Para muestra un botón, podeis comprar decenas de cacharros muy ruidosos en los chollos y tiendas todo a 100 (1euro?) que funcionan sólo con una modesta pila de 1,5V.
Pero esta evolución no ha dejado atrás la vieja tecnología, la retrocompatibilidad (un sistema nuevo mantiene la compatibilidad con sus predecesores) es una práctica habitual en ingeniería: podeis usar una tele en blanco y negro y funcionará (TV analógica, claro), podeis ejecutar código de un PC antiguo en cualquiera de última generación y, por supuesto, es posible conectar el teléfono de tu abuela a la linea y usarlo sin ningún problema.
Y ahí me encontraba yo, cambiando el cable del teléfono en mi casa. Justamente conectando los cables que llegan desde el exterior a un cable nuevo por un pequeño incidente que había roto el anterior. Mientras tenía ambos cables en mi mano, me acordé de la retrocompatibilidad, del teléfono, del timbre electromecánico y de la familia del señor Graham Bell cuando a alguien se le ocurrió llamar y recibí en mi dedo índice los 90 voltios y 20 hercios destinados al mencionado timbre. Sí, también sirvo de avisador acústico ya que emití algún que otro improperio en un tono suficientemente elevado. Esta señal, sin ser un calambrazo asesino, sí es suficiente para darte un susto, dolerte un poco y dejarte el dedo calentito, quemado y dormido un buen rato.
Como concusión diré que cuidado con esos cables que parecen inofensivos, el electrón traicionero está esperando un error tuyo para para pillarte desprevenido y recorrerte en busca de un camino de bajo potencial. ¡Mantened los ojos abiertos!
Actualización: acabo de saber que la sensación desagradable que producen las descargas alternas es menor cuanto mayor es su frecuencia, siendo bastante menos para señales de más de 20 kHz. La señal de la llamada telefónica es de tan sólo 20 Hz lo que probablemente haga que sea particularmente desagradable, en comparación con otras de mayor tensión o corriente pero mayor frecuencia.